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  • Juan Carstens

Soy vegetariano y no morí en el intento

Soy vegetariano desde hace 19 años. Hay muchas razones para que una persona tome la decisión de volverse vegetariano o vegano.

Soy vegetariano desde hace 19 años. Hay muchas razones para que una persona tome la decisión de volverse vegetariano o vegano: salud, maltrato animal, cuidado del medio ambiente, creencias religiosas, por moda o simplemente porque no le gusta el sabor de la carne. En mi caso, fue una combinación de varios factores los que me hicieron tomar la decisión de no volver a comer carne en mi vida. Para empezar, era el año 2000, y como muchos otros jipis de rave, en verdad pensaba que el mundo se iba a acabar. Además, comencé a informarme de la industria cárnica y ver videos de maltrato animal; ya saben de esos que parecen escenas de Tarantino. Y, para rematar, tuve un “viaje” donde pude entender un poco más nuestra relación con la naturaleza y los animales (recuerden: “jipi de rave”). Así que, de un día para otro, deje de comer carne.


Al principio no fue fácil. Nada fácil. De entrada, necesité mucha fuerza de voluntad: me encantaba el sabor de la carne. De hecho era de los que ordenaban los cortes de carne lo más crudo posible y pedía en mis cumpleaños comer lengua a la veracruzana. Así que dejar de consumirla de un día para otro fue un verdadero sacrificio; todo el tiempo me sentía como alcohólico en spring break. Además, no estaba tan popularizada la alimentación vegetariana/vegana. Por ejemplo, en mi casa, mi madre picaba jamón y lo agregaba a la sopa de lentejas para que no me diera anemia; mi abuela me decía que ya estaba muy flaco como para hacer esa dieta; y mis hermanos, no se cansaban de repetirme que sólo comía pendejil. En ese entonces, cuando iba a un restaurante las opciones vegetarianas se reducían a “pollito” o “pescadito” porque obvio, cualquier alimento que se diga en diminutivo entra en la categoría de vegetariano. Y cualquier persona que se enteraba de mi tipo de alimentación me bombardeaba con opiniones del tipo: los humanos estamos diseñados para comer carne, por eso tenemos colmillos; las plantas también sienten; según un estudio realizado en una universidad el hombre necesita proteína animal para vivir; tengo un prima que se puso verde por volverse vegana (en serio me lo dijeron más de una vez)… y demás argumentos contundentes (cof, cof).


A pesar de todo, continué. Y lo hice porque además de cumplir con una cuestión moral, comencé a sentirme mejor. Por primera vez en mi vida, no me daba sueño después de comer. De hecho, siete horas de sueño diario me eran suficientes para tener energía el resto del día. Me volví mucho menos explosivo (¡me vale una berenjena si no me creen!, es broma) Me enfermaba menos. Y, porque no decirlo, me volví un experto hacedor de popó. En resumen, me sentía más ligero, sereno y feliz. Por si fuera poco, además dejé de participar en la matanza de animales para vivir, ayudaba al medio ambiente y acumulaba karma puntos positivos.


En lo personal, volverme vegetariano me ayudó en todo sentido. Aunque sé en carne (vegetariana) propia que no es fácil, sobre todo cuando toda tu vida te has alimentado de manera distinta. Por eso pienso escribir en este blog consejos, datos nutrimentales, la diferencia entre tipo de alimentaciones, estadísticas ambientales, productos, recetas y demás para hacerle más fácil la vida a todos los que están comenzando con una dieta vegetariana/vegana. Porque no sólo se necesita fuerza de voluntad, es indispensable estar bien informado del tema.


Hola, soy Gerardo, y llevo 19 años sin comer carne.

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